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Suscribo as palabra do gran Dani Dominguez

«Siempre he pensado que una de las grandezas de la música, y un dato para entenderla como forma de expresión artística es el tiempo como elemento inherente.
Este elemento, que hermana a la música con el teatro, hace que la música exista solo si está ocurriendo, es un «happening» en el sentido más estricto, más etimológico del término.
Esto convierte a la música en directo (a mi entender) en la forma más pura en la que podríamos encontrarnos esta expresión artística, aunque sería interesante el debate de si es en el momento entre la creación mental y la interpretación, ese limbo abstracto, donde brillaría con más fulgor su pureza.
Es también esta peculiaridad respecto a su temporalidad lo que la dota de una de las grandes contradicciones particularidades: el momento más grandioso y hermoso de la historia de la música (si ocurrió tal cosa alguna vez) desapareció en el momento mismo en el que se creó. Si acaso, podríamos decir, como apuntaba el gran Ramon Prats en sus «liner notes» para «Solot», que perdura en la memoria del oyente, aunque también podríamos debatir sobre si es la música misma o la percepción subjetiva y la impresión que dejó en nuestra memoria.
En cualquier caso, es de agradecer que los peores momentos de la historia de la música (aunque a veces perduran más en nuestra memoria), también se desvanecen en el mismo instante de su (llamémosle) creación.
Y eso así fue hasta la aparición de tecnología que permitió registrar esos acontecimientos. Otra conversación podría ser sobre psicoacústica, o lo mutable de algo inmutable como una grabación…»